El 27 de julio de 2026, más de 100 estudiantes de 25 equipos escolares de la Región Metropolitana participaron en un encuentro de innovación que conectó investigación científica, desafíos locales e inteligencia artificial.
La actividad reunió a estudiantes y docentes con especialistas de los sectores científico y tecnológico. El desafío era práctico: precisar un problema, explorar posibles respuestas, convertir la idea más sólida en un prototipo y explicarla con claridad a otras personas.
Tecnología con un propósito
Los proyectos comenzaron con problemas presentes en la vida cotidiana. Los equipos trabajaron en ideas como biofiltros bacterianos para tratar residuos farmacéuticos en el agua, prótesis caninas fabricadas con biomateriales, sistemas de riego automatizado y accesible, pisos piezoeléctricos capaces de generar energía y herramientas para observar el bienestar emocional en comunidades escolares.
Estos ejemplos son importantes porque alejan la tecnología de lo abstracto. La ciencia, la ingeniería y las herramientas digitales adquieren sentido cuando las y los estudiantes pueden relacionarlas con una persona, una comunidad o un desafío que reconocen en su entorno.
La IA como compañera creativa
Durante el encuentro, la inteligencia artificial apoyó los procesos de investigación, formulación de preguntas y creación de prototipos. No fue presentada como un reemplazo del trabajo en equipo o del pensamiento crítico, sino como otra herramienta que los estudiantes debían comprender, evaluar y utilizar responsablemente.
Esa diferencia es fundamental. Aprender sobre IA debería significar más que obtener respuestas rápidas. También debería ayudar a formular mejores preguntas, reconocer limitaciones, identificar riesgos y decidir con criterio cuándo una tecnología aporta valor real.
De usuarios pasivos a creadores activos
Experiencias como esta muestran lo que puede ocurrir cuando confiamos en la capacidad de los estudiantes para crear. Construir un prototipo exige curiosidad, colaboración, comunicación y disposición para revisar una idea cuando algo no funciona. Esas capacidades siguen siendo valiosas, sin importar cómo cambie la tecnología.
Para Fundación Quark, ese es el papel más prometedor de la tecnología educativa: ampliar la capacidad de las personas para comprender su entorno y transformarlo con propósito.
Este artículo es una adaptación editorial inicial basada en la publicación original del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile. Más adelante podrá complementarse con reportería y comentarios propios.



