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Una estudiante construye un pequeño prototipo de robótica en un laboratorio de tecnología
Quark Journal

Desde Quark

Programar, fallar, corregir: por qué estamos construyendo Quark Robotics Lab

Rodrigo Véliz5 min de lectura

El robot debería avanzar en línea recta. En cambio, gira sobre sí mismo.

Algo está mal.

Puede ser el programa, un motor, una condición mal escrita o una conexión. La respuesta no está al final de un libro: está ahí, moviéndose frente a ti. Hay que descubrirla.

Programar, probar, equivocarse, entender qué ocurrió y volver a intentarlo. Ese pequeño ciclo está en el centro de Quark Robotics Lab, un proyecto de Quark Lab que Fundación Quark está preparando para acercar experiencias reales de robótica, programación y aprendizaje aplicado.

Pero nuestro interés no está realmente en el robot.

Está en lo que puede ocurrir alrededor de él.

Poder conocer algo no significa haber tenido acceso a ello

Hoy un estudiante puede saber que existen la programación, la inteligencia artificial, la ingeniería, la automatización o la electrónica. Puede encontrarlas en un video, escuchar hablar de ellas en clases o ver cómo otras personas construyen cosas en internet.

Eso no significa haber tenido la oportunidad de experimentarlas.

Hay una diferencia enorme entre saber que un sensor existe y conectar uno. Entre mirar un robot y programarlo. Entre escuchar qué es un algoritmo y escribir uno para resolver un problema que tienes delante.

Para muchos estudiantes, especialmente quienes enfrentan mayores barreras económicas, sociales, territoriales o digitales, esa distancia sigue siendo real.

Y esa distancia importa.

No porque todos deban convertirse en ingenieros o programadores, sino porque es difícil imaginar como propio un camino que nunca has tenido la posibilidad de explorar.

Fundación Quark trabaja para que las circunstancias de una persona no limiten su posibilidad real de aprender, desarrollarse y construir su futuro. Por eso uno de nuestros principios es que el acceso no termine en entregar una herramienta o mostrar un conocimiento: buscamos que pueda convertirse en capacidades, autonomía y nuevas posibilidades de desarrollo.

Quark Robotics Lab es una forma concreta de llevar esa idea a la práctica.

El robot es una excusa para enfrentarse a problemas reales

Construir y programar algo físico tiene una característica poderosa: responde.

Si el código está equivocado, el robot no hace lo que esperabas. Si una condición está mal planteada, toma una decisión distinta. Si un sensor entrega una lectura extraña, hay que descubrir por qué.

El estudiante no recibe solamente una nota que le dice que se equivocó. Puede observar el resultado de su propia decisión, modificarla y probar nuevamente.

Eso abre espacio para aprender programación, electrónica, lógica o matemáticas. Pero también para algo más difícil de enseñar directamente: persistir frente a un problema, dividirlo en partes, probar una hipótesis, pedir ayuda cuando corresponde, colaborar y explicar por qué una solución funciona.

La investigación sobre robótica educativa ha encontrado efectos positivos en aprendizaje STEM, resolución de problemas y creatividad, aunque los resultados varían según la edad, el contexto y el diseño pedagógico. Esa variación importa: poner un robot sobre una mesa no produce automáticamente aprendizaje. (Ouyang & Xu, 2024; Zhang & Zhu, 2024)

Por eso queremos observar lo que ocurre de verdad.

Nuestro primer piloto también tiene que aprender

La primera implementación de Quark Robotics Lab está diseñada para trabajar con 12 estudiantes de entre 12 y 14 años.

Será una cohorte pequeña porque necesitamos mirar de cerca: cuánto tarda realmente una actividad, dónde aparecen las dificultades, cuánta ayuda se requiere, qué partes despiertan más interés, cuándo aparece mayor autonomía, qué falla en el hardware o el software y qué deberíamos mantener o cambiar.

No queremos diseñar una experiencia educativa desde una oficina y asumir que funcionará.

La primera versión se probará, se medirá y luego se adaptará con evidencia.

Ese principio también vale para nosotros:

programar, fallar, corregir.

Pilot 01 no existe para demostrar que Quark ya conoce la mejor forma de enseñar robótica. Existe para descubrir qué necesitamos aprender antes de construir una versión propia, repetible y mejor fundamentada de Quark Robotics Lab.

Más futuros entre los que elegir

La parte más importante del proyecto probablemente no pueda verse en un robot.

Puede aparecer años después.

Tal vez uno de esos estudiantes descubra que le gusta programar. Otro puede interesarse por la electrónica, el diseño o la ingeniería. Alguien puede disfrutar más inventando una solución que construyéndola y terminar acercándose a la innovación o al emprendimiento. Y otro puede descubrir que ninguna de esas cosas es para él.

Y eso también es valioso.

Porque el objetivo no es decidir qué camino debe seguir cada estudiante. Es permitir que pueda conocer suficientes caminos como para tomar esa decisión con más libertad.

La evidencia disponible relaciona experiencias STEM positivas, autoeficacia e identidad STEM con las aspiraciones educativas y profesionales de los jóvenes. Esa relación no es automática: participar en una experiencia de robótica no determina el futuro de nadie. (Jiang et al., 2025; Zhou & Shirazi, 2025)

Pero sí puede ofrecer algo que antes no estaba allí: una experiencia propia desde la cual imaginarlo.

Todo esto se puede resumir en una idea:

Lo que se construye y se mide son las capacidades. Lo que se comunica es el horizonte.

Resolver problemas, programar, crear, probar, colaborar y corregir es lo que podemos trabajar y observar. Lo que esperamos ampliar con ello es algo mucho más grande: las posibilidades que un estudiante puede reconocer para su propia vida.

No queremos decirle cuál debe ser su futuro.

Queremos que tenga más futuros entre los que elegir.

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